Respiren hondo, plaza francia. Los hippones vendiendo baratijas, desde orgasmatrones (para hacer masajes capilares), hasta cuadritos y carteras con máscaras de cuero, pasando por una infinidad de chucherías, que uno compra y luego archiva en algún lugar del cuarto como si fueran trofeos de algún concurso extraño. Pero la plaza en si no es el centro de todo este espectaculo. Si pueden, háganse a un lado, quiten de su mente los puestos, quédense con los vendedores y artistas, saquen la iglesia y el cementerio de fondo, las plantas y los monumentos, vuelvan su mente a los artistas, personas muy estrambóticas, viejos con barba larga, mimos en zancos, mimos que paran el tránsito y lo dirijen, seres misteriosos que se esconden detrás de los puestitos y la mercaderia. Pero fuera de esa mercadería, ¿que hay detrás de esas vídas nómadas?, ¿donde viven?, ¿tendrán hijos?, ¿cual es su origen, su pasado su presente?. son preguntas que me hago acerca de estos curiosos personajes.
Alejensé de plaza francia, vayan a las inmediaciones de recoleta, irán descubriendo monumentos, increibles, plazoletas públicas, pero a su vez muy privadas, fuentes tapadas por los árboles y un sinfín de construcciones arquitectonicas que dan pruebas feacientes(que no viene de feo) de que esto fué un gran país.
Respiren aún más, mas profundo, sientan el aroma añejado del aire ¿no huele a San Telmo?, ese barrio quedado en la historia, que a medida que uno recorre sus calles y va entrando en las casas de antiguedades, se va metiendo en pequeñas máquinas del tiempo ,tangibles; en un mundo que ya fué y no volverá. Si tienen la suerte de ir acompañado por un mayor, este les podrá relatar todos los artilugios de su época y su utilidad, esos autitos de lata a cuerda, las cabezas de geniol, arañas del siglo XIX y demás muebles que forman parte de este pasado en el presente, de esa realidad de una época, de esas personas que en su momento habrían decorado sus suntuosas casas con ellos, y a medida que nos vamos alejando, con el sonido de un tango salido de una vitrola nos damos cuenta que los domingos, no son tan tristes como uno cree, sinó que son tan tristes como el tiempo lo decide.
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2 comentarios:
Plaza Francia los domingos.
Me gusta mucho ir con los chicos a tomar mates, relajados sientiendo el pasto.
Escuchar a ese hombre que siempre toca la guitarra y canta esos temas que a veces lo hacen sentir uno un joven que vivió en los ´70, fana de Sui Generis. También toca temas que mi primo solo sabe y que se ríe cuando yo le pongo cara rara. Cerca de ahí hay un puesto donde una hermosa jovencita vende con su mamá tortas y sánguches; la pastafrola que hacen es exquisita.
Me pasó de cruzarme de plaza, e irme a esa especie de ¨colina¨ a mirar el cielo con una amiga. Ese lugar se presta para hablar de cosas más íntimas, te sentis amparado por los árboles. A veces hay un chico que lleva a su gato para que aprenda a cazar palomas... Me encanta que no logre cazar una.
A veces ir al Mac de al lado del Village a tomar un café, pero el verdadero y más rico café (y encima con torta) es el que se vende en un puesto cercano al cementerio. El café es dulce, con el toque justo, y las tortas (de todos los tipos) son riquísimas.
Alejándome de ahí, caminamos Alvear... No sabía que existía esa calle. Tanto lujo, a veces asusta. Por suerte, mi primo y sus referencias históricas siempre hacen más llevadero el paseo.
Me extendí demasiado. Quizás porque me trajo muchos recuerdos el post. Me gustó mucho. Gracias.
(Y me salió la gorda de adentro de paso)
Me gusta tocar las antigüedades e intentar escuchar sus historias: Si es madera, de qué árbol viene, cómo la trabajaron, en qué casas estuvo...
Caminar por San Telmo sabiendo que el tiempo no existe... que los malevos caminan esas calles al mismo tiempo que nosotros...
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